El café de los viernes y ganas de vacaciones

Me alegra verte un viernes más, y que te sumes a esta pausa para el café con tantos blogs y amigos que se pasan por aquí. Acabo de ponerme mi té de frambuesa al lado, ese que tanto me gusta, con unas galletas, que ya sabes que no faltan ni en este blog ni en mi mesa. ¿Me acompañas? Eso sí, vamos despacito, porque hoy me cuesta teclear. Me he hecho daño en el brazo derecho y como ya me dificultaba hasta meter las marchas al conducir, ayer fui a mi fisio que estuvo tratando de arreglar el desaguisado. Estoy mucho mejor, desde luego, pero me duelen hasta las pestañas. ¡Qué manera de apretar, estirar, retorcer…! ¡Si hasta me crujía la espalda! A pesar de la incomodidad de la sesión de ayer, y de las molestias de hoy, es necesario pasar por su consulta de vez en cuando. El estrés, las malas posturas, hacen que vayamos adoptando posiciones que no son correctas así que viene muy bien estirarse y descontracturarse. Seguro que mañana estaré mejor.

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This week – El café de los viernes

Soy muy de refranes. Y uno de los que sigo con mayor rigor es aquel que dice que “hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo“. Posiblemente me influya el hecho de haber visto nevar en Segovia en el mes de mayo. A finales de mayo, concretamente. Y, claro, no me fío. De la manga corta, de momento, me olvido. El zapato, mejor cerrado todavía. Un pañuelito también, que refresca. ¿Nos tomamos un café, como cada viernes, y te cuento más? Ya sabes que lo mío es el té de frambuesa y que no puede faltar una galleta, de chocolate a ser posible, para acompañar.

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This week – El café de los viernes

El tiempo pasa volando. De nuevo nos plantamos en el viernes y nos reunimos en torno al café, como venimos haciendo habitualmente con Sonambulistas, un montón de blogs y todos los amigos que pasáis por aquí cada semana. ¡Qué bien sientan estas pausas para hablar de nuestras cosas! La compañía es lo mejor, sin duda, pero también tiene que ver que estamos a las puertas del fin de semana y, ante esta perspectiva, sube el ánimo, las tareas se hacen más llevaderas y comenzamos a poner nuestra cabeza en el momento de apagar el ordenador (al menos el del trabajo) hasta el lunes.

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